Hay noches en que me sorprendo sentada en el peldaño que va desde la cocina hasta fuera de la casa, a oscuras, en plena noche, observando 'mi' pino y la corona que luce casi todas las noches. Esa hermoso astro que da luz a mi patio, que permite que entrada la noche, pueda contemplar con claridad el pino que tengo ante mi... es hermoso, ella es hermosa, el conjunto es hermoso, ambos dos, el pino y la luna coronando su copa, forman una imagen la cual es propia de mis sueños y no de mis realidades. 
       
      Me gusta salir al patio y sentándome en el pequeño escalón, contemplar la tranquilidad, la soledad de la noche, la oscuridad que le es propia... siento un sensación de paz que me envuelve, y no dejo de disfrutarla siempre que puedo.  
       
      Hay días en que las caprichosas nubecillas intentan impedirme que goce con esa maravilla que la naturaleza tiene a bien ofrecerme casi cada noche, pero no lo consiguen, sino que obtienen el efecto contrario, que yo misma entre a formar parte de ese juego que junto con la luna tienen organizado... me permiten adentrarme en el mundo de los sueños y así poder evadirme un poco más si cabe, del día a día y compartir la tranquilidad de la noche, el silencio.  
       
      Si el día está rebelde, van pasando, lentamente por delante del satélite un sinfín de nubecillas en forma de lo que gustes imaginar, que formando luego conjunto con el perfil de la luna, tienen a bien formar mil y una figuras diferentes, que solo podrán ser vistas, si te encuentras receptivo, si estás dispuesto a verlas... si puedes y quieres soñar.  
       
      Ayer fue un día especial por varios motivos, uno de ellos, porque el cielo estaba repleto de estrellas que hacían de él la más bella de las alfombras jamás soñada. Pude disfrutar de ese cielo, en una compañía inmejorable, mis sueños estaban conmigo, mis recuerdos que incluso alguno de ellos hizo brotar una lágrima a mis ojos... conforme iba avanzando la noche, ella hizo su presencia, se hizo visible a mis ojos, conforme iba circulando por la carretera, la veía más y más grande, más y más brillante ante mi, conforme avanzaba con el coche, ella seguía allí, era como si fuera a su encuentro, era como si quisiera cogerla.  
       
      Pero había un pequeño problema, no era perfecta, estaba "rota", estaba partida, quizás como mis ilusiones, quizás como mis sueños, quizás como mi corazón.  
       
      Sólo fui consciente de este pequeño detalle, cuando volvía por la carretera de dejar a una persona muy especial, subiendo a un barco con destino lejos de mi, con destino lejos de esa tierra... quizás si, la luna estuviera, aunque bonita y bella como siempre, triste y rota, como mi corazón.  
       
      Pero al igual que la luna se repone, al igual que la luna necesita su tiempo para volver a brillar hermosa y entera, los corazones también necesitan de su tiempo para rehacerse de pérdidas, tanto temporales como definitivas, todas las heridas necesitan de su tiempo, todas a la postre, acaban cicatrizando, durarán más o durarán menos, pero hay quien dice que acaban curándose... aunque por el mero hecho de haber sido heridas, serán frágiles de por vida.  
       
      Pero la luna sigue ahí, cada noche, a veces visible, otras no... y nuestra vida sigue, y nuestros sueños continúan, y todo sucederá como está marcado y nada ni nadie alterará el rumbo de las cosas, y siempre pasará lo que tenga que pasar y... y...  
       
       
       
       
                      Eivissa, 2 Septiembre 99
                                Yosoy